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Cómo contar el principio del mundo

Posted on: marzo 3, 2008

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Roland Emmerich, experto en el cine catástrofe, regresa a la pantalla grande con la superproducción 10.000 a.C.

“Siempre es interesante, al menos para mí, llevar a la pantalla mundos y realidades, que no hayan sido vistos antes.” La frase pertenece a Roland Emmerich, un realizador que nos acostumbró casi como ningún otro en el Hollywood de los últimos años a llevarnos a escenarios de catástrofe y destrucción, alrededor de las cuales siempre emanan conductas valerosas y comportamientos altruistas.

Con esa mezcla de cine catástrofe, héroes accidentales y poderosos efectos visuales y sonoros, el realizador nacido en Stuttgart (Alemania) hace 53 años se acercó en sus viajes cinematográficos más exitosos hasta la orilla del fin del mundo: Godzilla , Día de la Independencia y, mucho más recientemente, El día después de mañana . Ahora, Emmerich encara el camino inverso.

“Me gusta cambiar y ahora quiero contar el principio del mundo, explorar de dónde venimos”, dijo un sonriente Emmerich a LA NACION cuando llegó a Buenos Aires, en diciembre último, para anticipar del lanzamiento de 10.000 a.C. , cuyo estreno anuncia Warner para el próximo jueves. La Argentina será, virtualmente, escenario del estreno mundial de esta ambiciosa producción -junto con Alemania, Australia y Singapur-, ya que en los Estados Unidos y otras regiones se conocerá sólo el viernes.

Este proyecto estaba en la mente del realizador desde hace diez años, pero pudo concretarse ahora por una suma de circunstancias. “La tecnología que necesitábamos antes no estaba disponible, y ahora sí. Pero, además, se dieron otros hechos: el guión estaba terminado y listo para filmar, y yo mismo estaba abierto a otros horizontes, quizás algo cansado de hacer películas de desastres una detrás de la otra“, señaló Emmerich.

Rodada casi en su totalidad en imponentes escenarios naturales de Namibia, Sudáfrica y Nueva Zelanda, a un costo estimado de 80 millones de dólares, 10.000 a.C. se centra en la vida de un joven cazador de mamuts, que lleva adelante la búsqueda de una mujer de su tribu, raptada por una suerte “de dictador temprano que se hace pasar por un dios y apela a la religión para ganarse el favor de la gente, aunque termina esclavizándola“, según explicó el director.

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Si bien reconoció que 10.000 a.C. fue el trabajo más difícil y complejo de todos los que acometió, Emmerich dijo que en materia visual El día después de mañana resultó todavía más dificultosa. “Diría, para ser gráfico, que todo nos costó más en 10,000 a.C. en términos físicos. Nos encontramos con un temporal de nieve en Nueva Zelanda, que no habíamos previsto, y mucha más lluvia de la que esperábamos en Sudáfrica. Pero más allá de todas las adversidades, y de algunos cambios que tuvimos que hacer sobre la marcha, siempre tuvimos todo bajo control“, subrayó.

Además de animales prehistóricos (mamuts, tigres diente de sable) y paisajes desérticos o nevados, Emmerich quiso mostrar la evolución temprana del hombre viviendo en sociedad: “Quería mostrar no sólo como podrían haber sido las cosas en aquellos tiempos, sino además cómo se relacionan civilizaciones diferentes como las que el protagonista encuentra a lo largo de su camino. Y, por qué no, explorar también el conflicto que se plantea entre ellas”.

Conflictos que también alcanzan al protagonista, que responde a la imagen de un director que siempre expresó rechazo a la idea de contar historias de superhéroes. “D-Leh, el guerrero, es una persona común y corriente, igual a cualquiera de nosotros, con un montón de miedos acerca de sí mismo, con un padre que abandonó el hogar y que, a lo mejor sin proponérselo, se encuentra a la cabeza de su comunidad y forzado a liderarla. Y también enfrenta problemas a causa de esta situación“, describió el realizador, que sólo rescata entre los films de superhéroes los dos Batman, dirigidos por Tim Burton.

Esta descripción se corresponde con la voluntad de Emmerich de no trabajar, por lo general, con grandes estrellas. El patriota , con Mel Gibson, es la excepción a una regla que aquí el cineasta cumple a rajatabla, a tal punto que Steve Strait, Camila Belle y Cliff Curtis, nombres casi desconocidos para el gran público, encabezan un elenco, cuya única figura de renombre es Omar Sharif, que ni siquiera aparece ante las cámaras y sólo aporta su voz como narrador.

Aunque parece inmediatamente identificado con las fórmulas más convencionales y ligeras de Hollywood, Emmerich se autodescribe en más de un sentido casi como un extraño en ese mundo. “Trabajo para los estudios, pero estoy fuera de esa estructura y siempre trato de moverme desde una posición independiente. Además, todos saben que en Hollywood es muy peligroso rodearse de gente equivocada, y yo confío en un pequeño grupo, que me acompaña en cada proyecto, en especial mi hermana, que siempre me dice la verdad”, afirmó.

Entre el pasado y el futuro

Desde ese lugar, levanta con indisimulado orgullo todo lo que vivió hace cuatro años con El día después de mañana , tal vez su película más comentada fuera del estricto ámbito del cine. “Fui una especie de pionero en eso de hablar desde el cine del cambio climático”, señaló, sorprendido de cómo las cosas cambiaron tanto en apenas cuatro años. “Ahora, todos en Hollywood -se quejó- quieren ser verdes, pero cuando se estrenó en los Estados Unidos El día después de mañana , la mitad decía que estaba bien y la otra mitad que era una película demagógica y falsa. En Europa, donde estas cuestiones se toman mucho más en serio, fue mucho mejor recibida.”

Poco afecto a revelar detalles de sus próximos proyectos, Emmerich se escudó en el argumento de que está todo el tiempo pensando al unísono en varias ideas diferentes. En este sentido, reconoció que entre las ideas que planea llevar a la pantalla están un proyecto sobre Tutankamón, otro acerca de Shakespeare (y cómo algunos ponen en duda de que haya sido realmente el autor de sus grandes obras e, inclusive, de que haya existido) y una remake de Viaje fantástico , aquel film de 1966 en el que un científico consigue “miniaturizarse” y recorrer el interior del cuerpo humano.

Pero, aunque sólo quiso anticipar a LA NACION que en su siguiente film volverá a trabajar con Harald Kloser, el guionista y músico con el que elaboró el guión de 10.000 a. C. ), Emmerich piensa ante todo en 2012, relato inspirado en leyendas mayas, más precisamente en una profecía alrededor de un impreciso cambio, que determinaría un apocalipsis mundial en el citado año. Otro viaje al fin del mundo, territorio incierto para casi todos, excepto para un director de cine alemán que vive y trabaja en Hollywood.

Por Marcelo Stiletano
De la Redacción de LA NACION

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